martes, 13 de mayo de 2014

Cuando mi cuerpo se agote

Cuando mi cuerpo se agote
me iré de él con reverencia.

¿Cómo no agradecerle?
Si me cobijó en su tiempo...

¿Cómo no despedirlo con danzas y cantares?
Si me brindó su fuerza para que yo la encauce.

Cuando mi cuerpo se agote,
será porque no den más
sus cimientos de Templo.

Lo dejaré sin tormento
para que se confunda
con la tierra, con el viento,
con el hilo del destino
que lo hizo latir apenas un momento.

¿Cómo no agradecerle a mi cuerpo?
Si se transformó en sentido
cuando alumbré su espacio
y allí en el vacío
lo sagrado se evidenció
en el reconocimiento.

Y aunque tenga sus heridas
del prehistórico sufrimiento
aquellas serán estigmas
en la memoria eterna
que alguno sabrá evocar
para salir del sin-sentido
y recordar que los actos unitivos
son los únicos valederos.

¿Cómo no agradecerle,
ni ponderarlo a la altura que le corresponde?
Si al elevarlo
me elevé.
Cómo no agradecerle...
Si en él
me constituí como espíritu.

Mayo 2014


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