martes, 15 de octubre de 2013

La danza de Clara

"Nombrador de mil nombres, hacedor de sentido, transformador del mundo... 
tus padres y los padres de tus padres se continúan en ti. 
No eres un bólido que cae, sino una brillante saeta que vuela hacia los cielos. 
Eres el sentido del mundo y cuando aclaras tu sentido iluminas la tierra.”
Humanizar la tierra. El paisaje interno. Silo


Año 2069, en algún lugar del Planeta Tierra.

 Clara se prepara, como desde hace más de 30 años, para su caminata diaria de cada atardecer.
Aunque cuenta ya con noventa y seis años, tiene una vitalidad, alegría y fortaleza admirables y envidiables para más de una jovencita.

 Pero esta historia no está dedicada a relatar quien fue Clara en su juventud, ni a su vida, ni a sus hijos ni a sus nietos. Sólo los invito a centrarnos en la experiencia inusual sucedida aquella tarde.

 Como decía, Clara cada tarde sale a hacer su caminata y en el atardecer se sienta en el banco de madera del Parque, desde el cual puede apreciar bien el atardecer en todas las épocas del año.

 Allí se sienta y escribe en su pequeña libreta de hojas lisas toda inspiración que le surja. A veces solamente una palabra, otras un dibujo, otras extensos poemas. Y todo ello dedicado a Juan, su compañero por más de cuarenta años que desde hacía cuatro no estaba más físicamente con ella.

 Pero Clara lo amaba. ¡Ah! ¡Cuánto lo amaba…!

 Siempre decían que ellos se habían puesto en el camino del Amor y éste los atravesó, graficaban al Amor como una saeta que une el pasado con el futuro para volverse a encontrar consigo mismo y estar siempre; y que a ellos los traspasó y que por eso su amor sería eterno.

 Así sentía su amor, profundo, sin principio ni fin y que iba más allá de ellos por lo tanto no les pertenecía.

 Cada tarde, Clara y Juan salían a hacer una caminata y a contemplar la puesta del Sol. Así lo hicieron, durante más de 30 años.

 La tarde que da comienzo a nuestra historia era una tarde otoñal, de esas que son perfectas en temperatura, color, sonidos y aromas. El cielo tenía pequeñas pinceladas de nubes etéreas, en los árboles comenzaban a florecer las hojas doradas y las mariposas, y algunas abejas, revoloteaban por el césped y sobre el colchón de flores de jacarandá. Los niños jugaban por todos los espacios del Parque, los perros correteaban a buscar los palos que les arrojaban sus amos y cada uno al volver con la presa en el hocico intentaba impedir que su amo se lo quite hasta que por fin lo lograba y comenzaba nuevamente el juego, las parejas de jóvenes apasionados encontraban los lugares ideales en donde aislarse del mundo para dejarse llevar por sus emociones como si el resto no existiera, de modo que todo transcurría en perfecta armonía.

 Así Clara se acomodó en su banco preferido y allí permaneció, contemplando la belleza de todas las expresiones de la vida que latían en ese lugar. Y lo hacía acompañada por Juan en su memoria.

 -¡Qué afortunados somos, Juan, en poder disfrutar un paisaje tan perfecto…! (Exclamó sin importarle lo que pudieran pensar los vecinos)

 Las palomas y luego los gorriones comenzaron a acercarse, como siempre, en busca de migajas. Y ella divertida, como siempre, comenzó a espolvorearlas.

 Así las palomas y los gorriones comenzaron a amontonarse cerca del banco de madera para picotear las migas que Clara iba arrojando a un lado y al otro.

 -¿Viste Juan? ¡A ellos también les gusta la torta de manzana y naranja!

 Y rió, como si nadie la viera.

 Algunas palomas comenzaron a subirse a su regazo y otras comían de su mano, hasta los gorriones más asustadizos se posaron en sus hombros para alimentarse con las migas que Clara tenía reservadas para todos.

 De a poco y sin pausa se fueron acercando a Clara más palomas y más gorriones, pero también calandrias y jilgueros, también los tordos y algunos loros, y las estilizadas torcacitas al tiempo que Clara arrojaba al aire el blend especial de selección de migas acompañando el lanzamiento con su risa amplia y fresca.

 -¡Mirá Juan cómo ellos también danzan! (Es que Clara danzaba con belleza y Juan siempre se deleitaba con su danza)

 Así transcurrieron los momentos, entre risas, lanzamiento de migas y vuelo de pájaros; y en el instante en que el Astro Sol se torna de color anaranjado intenso y tiñe de dorado y naranja la totalidad del paisaje, y los ojos, aunque apagados por la edad avanzada, aún verdes de Clara destellaban con intensidad, las aves, pero también las mariposas y las abejas, comenzaron a volar sincronizadamente y en espiral áurea ubicando su centro en Clara para volver a ampliarse y así sucesivamente. Pero también en el suelo los niños, los perros y hasta yo misma nos sentamos en círculo rodeando el extraordinario espectáculo.

 -¡Esto es hermoso Juan!

 Exclamaba Clara, riendo aún más que antes, mientras se eleva en el centro de la espiral al tiempo que un haz de luz conectaba al Sol con su corazón.

 Los que estábamos ahí comenzamos a sentir que estábamos enamorados. Sin razón alguna y sin proponérnoslo sentíamos amor por todo y, al igual que Clara, comenzamos a reir.

 Para ese momento la plaza ya estaba colmada de personas de todas las edades y animales en perfecta armonía y felicidad. Y cada uno de nosotros comenzamos a percibir a aquellas personas que, aunque no se encuentran ya en este tiempo y en este espacio, se relacionan con nosotros en la experiencia del amor, la paz y la cálida alegría.

 Se hizo un silencio profundo y el mundo se puso en pausa. Así permanecimos.

 El sol de ocultó, Clara volvió a su banco de madera, la espiral se disipó, las personas comenzaron a marcharse del lugar renovadas, luminosas, felices, enamoradas.

 Clara observó el éxodo de los vecinos y los animales, observó los árboles y sus sombras extendidas, observó a las hormigas y al césped, me observó a mí, que continuaba sentada observando y disfrutando semejante belleza, se sentó en perfecta postura y la escuché decir en un susurro profundo:

 - Vamos Juan. Agradezco tu amor, tu presencia, tu compañía y camaradería en este espacio-tiempo. sigamos con el Plan.

 Suspiró y quedó inerte.

 -Abuela… dije.

 Pero entendí que había partido.

 Entonces me senté junto a ella, le agradecí su enseñanza y le relaté la guía para su tránsito indudable hacia la luz y la eternidad.

 Al finalizar el relato, en mi interior resonó su voz afirmando “No imagines que estás sola en este tiempo, en este espacio y en los infinitos mundos”

Patricia Lacolla
Octubre 2013
Parques de Estudio y Reflexión, Carcarañá

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